El chico vuelve a caminar por las calles de Temuco, casi por inercia, pues su mente está inundada de otros pensamientos. Cree que se encuentra solo, pues por lo visto ya en reiteradas ocasiones concluyó que ha nadie le interesa compartir auténticamente con otros, escuchar/escucharse y que el espacio para sentir, pensar, decir y crear, es inexistente.

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